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Documental: Periodismo en África Subsahariana


Nota al lector: Aquí os dejo mi primera producción audiovisual (gracias a la imprescindible ayuda de mi compañero y amigo Akai) que versa sobre el Periodismo en África Subsahariana. Esto es solo la punta del iceberg de una investigación mayor que estoy realizando sobre este tema y cuyos resultados espero tener listos en unos meses. Espero que os guste y que me déis vuestras opiniones. 

Un abrazo a todos. 
Alfonso Torres


Claves para comprender el Estado de Somalia



Olvido letal en el Cuerno de África”, con este titular inicia la noticia José Miguel Calatayud desde Nairobi, capital de Kenia. A primera vista podemos considerar que nos encontramos ante una noticia más, de tantas otras que sabemos que existen pero ignoramos, acerca de la pobreza en África. Pero si desmenuzamos minuciosamente todos los detalles presentes en ella, el relato de este corresponsal de El País, encontraremos una complejidad considerable y un conocimiento clarificador para comprender la situación en la que se ve inmersa Somalía en particular y toda África en general. 


Para entender cómo llega este país a la crisis actual, es necesario sumergirse en su historia reciente.
Durante los años del colonialismo europeo, el territorio de Somalía estuvo dividido entre Italia, Francia y Gran Bretaña que ejercían sobre él una dominación plena, sin autoridades locales como sí existían en los protectorados. Esto ejemplifica claramente que el concepto de Estado no existía antes de la dominación europea, al igual que ocurría en la mayoría del continente africano.
Somalía adquiere la independencia sin excesivos conflictos con las autoridades coloniales en la década de los 60, con la unificación de la Somalilandia británica y la italiana. En 1969 el país vive sumido en una dictadura militar hasta 1991, en la que la pésima situación económica, el enfrentamiento con la prosoviética. Etiopía y los conflictos internos entre distintos clanes hacen implosionar al país, dividido en múltiples regiones como Putlandia o Somalilandia desde entonces en la que el gobierno de Mogadiscio es incapaz de imponer su autoridad.


Galimatias territorial de Somalia. Fuente: FronterasBlog
Estos conflictos son explicados con bastante precisión por Mary Kaldor, diferenciándolos de las antiguas guerras. Tal y como expone la británica, estas luchas no enfrentan a dos entes estatales a través de ejércitos regulares, sino que los implicados en la pugna son grupos subestatales que combaten por medio de guerrillas, con un daño sobre la población civil y la integridad del estado muy superior al de las antiguas batallas. La perpetuidad de estos combates en Somalía han creado un estado feudal en el que cada región esta bajo control de un señor de la guerra. La justificación económica la aporta Michael Renner, que compara los lugares en guerra con la presencia de recursos con enormes coincidencias geográficas. Según este autor, los gobiernos no necesitan del pueblo para financiarse, sino del control de los recursos naturales, algo que fomenta la creación de gobiernos dictatoriales pero inestables pues toda organización contraria al poder establecido pugna por el control de los recursos al ser consciente de que su monopolio es la garantía de acceso al poder y a la riqueza. Por todo lo expuesto anteriormente, los medios de comunicación y los especialistas insisten en denominar a Somalía el perfecto ejemplo de Estado fallido. Para poder explicar este fenómeno, es fundamental definir conceptos como los elementos constitutivos del Estado o la estatalidad jurídica y la empírica. Weber sostenía que un estado esta compuesto de una organización política que ejerce su dominio o soberanía sobre un territorio y una población. Por su parte, Jackson y Rosberg insisten en el concepto de soberanía, diferenciando dos clases distintas de ella: la estatalidad empírica implica una soberanía positiva, real, llevada a efecto en el interior del país sobre esa población y ese territorio mientras que la estatalidad jurídica supone una soberanía negativa, es decir, el reconocimiento externo a ese estado de su capacidad para gobernar, independientemente de que esa capacidad sea efectiva o no. Así pues nos encontramos con paradojas como Somalía, cuyo gobierno posee estatalidad jurídica pero no empírica, careciendo por tanto de uno de los elementos constitutivos del estado: una organización política soberana sobre los otros dos elementos. Es así como se crea un Estado fallido, ante la separación drástica y radical entre ambas estatalidades. Por si fuera poco, la situación se hace más rocambolesca si analizamos el caso de Somalilandia, la provincia rebelde de la República Somalí, que tiene un grado de soberanía positiva bastante superior que el país que pretende abandonar sin embargo, en principio, carece totalmente de estatalidad jurídica si atendemos al hecho de que la inmensa mayoría de países que cuentan con la soberanía negativa son reconocidos internacionalmente por una multitud de estados además de la ONU. Aunque, si atendemos a la palabras de Bodino: “una república que no tiene poder soberano para unir a sus distintos miembros, familias, colegios y corporaciones, no es una verdadera república.”, Somalilandia es un estado y Somalía no, si bien es cierto que estas palabras hay que contextualizarlas en la época del autor, el S. XVI. Parecido debate surge ante los casos de Taiwan, Kosovo o Palestina, ninguno de ellos sentados en la Asamblea General de la ONU.

En el relato de la noticia aparecen con un papel protagonista dos ONG´s, Intermon Oxfam y Save de Children. Es más, la noticia ha sido publicado gracias a la información de ambas organizaciones denunciando la situación y la tardía reacción, tal y como expresa el subtitulo. Esto nos conduce a la visibilidad de dos hechos abundantemente comprobados en otras ocasiones: el efecto CNN y el papel de los organizaciones transnacionales concedido por la doctrina liberal. Parece bastante evidente que con los informes que presentan ambas organizaciones buscan activar el efecto CNN para presionar a los gobiernos occidentales a participar de forma más decisiva y rápida en la ayuda humanitaria a Somalía, todo ello a través de la concienciación de la opinión pública, con el objetivo de posicionarla a favor de la concesión de ayudas y convencerla de que su movilización presionaría a sus gobiernos para que actúe. Sin embargo, bajo este loable objetivo también se esconde la necesidad de las organizaciones humanitarias de legitimarse socialmente, mostrar su labor y mejorar así su financiación. Curiosamente, una de las pautas comunicativas es denunciada en la misma noticia.
Ambas organizaciones insisten que de haber actuado antes, se podrían haber salvado miles de vidas en el Cuerno de África. Pero resulta que los medios de comunicación solo atienden a las crisis cuando se hayan en su punto álgido, desfavoreciendo el análisis y la visibilidad del antes y el después, es decir, cómo se ha llegado a ese desastre y cómo se ha paliado tras el ojo del huracán. Esto provoca que de la sensibilización pasemos a la fatiga de la cooperación pues los donantes de los países emisores de ayuda no son informados de la labor que están ayudando a financiar.
Precisamente, esta influencia tanto de medios como de ONG´s sobre la agenda mundial confirma la teoría liberal en su concepción de los actores internacionales. Los autores liberales argumentan que no solo los estados tienen un papel fundamental en el desarrollo de las relaciones internacionales, algo taxativamente afirmado por los realistas. Esto queda perfectamente ejemplificado con Intermon Oxfam o Save the Children, organizaciones transnacionales que unen a individuos entorno a fines comunes como la erradicación de la pobreza o la defensa de los derechos de los niños. Además, dado el estado de quiebra social y política de Somalía, es perfectamente asumible afirmar que grandes ONG´s o empresas multinacionales tienen más poder y fuerza en la agenda global que el propio gobierno somalí.

Fuente: McSuhuibhne
La situación que es denunciada en la noticia justificaría sobradamente una intervención humanitaria por parte de la ONU o los países occidentales. Aunque esto supondría una clara injerencia externa en los asuntos internos de un estado, el actual derecho internacional da pie a ello si esta constatada una flagrante violación de los derechos humanos o peligra la paz y seguridad de la zona. El hecho de que 50.000 personas fallezcan por hambruna y su gobierno sea incapaz de atajar o al menos paliar la situación, eludiendo su responsabilidad, parece ya un claro caso de incumplimiento de la Declaración Universal de los DDHH. Además, los consecuentes éxodos masivos que trae consigo la sequía amenazan con desestabilizar a toda la región y provocar conflictos entre etnias o países por la lucha por los escasos recursos. De hecho, Kenia ya ha movilizado a su ejército para gestionar la crisis humanitaria que llama a sus fronteras. Existen precedentes de intervenciones humanitarias, Somalía incluso vivió una en 1993, si bien es cierto que fue rechazada violentamente por el Congreso Unido Somalí, forzando a la salida de EEUU tras uno de los ejemplos más famosos de efecto CNN, tras el cual el gobierno de Clinton tuvo que dar marcha atrás ante la presión abrumadora de la opinión pública.
La hipotética intervención también se vería reforzada por el hecho de que la ayuda humanitaria no siendo distribuida ante el caos gubernamental y los constantes conflictos, haciendo inviable que la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) cumpla su objetivo final: “Alcanzar la seguridad alimentaria para todos, y asegurar que las personas tengan acceso regular a alimentos de buena calidad que les permitan llevar una vida activa y saludable.” La FAO es una agencia internacional integrada en el Sistema de las Naciones Unidas, del cual forman parte un conglomerado de organizaciones especializadas que ayudan a la ONU a desarrollar determinados aspectos de su Carta fundacional y de la Declaración de los Derechos Humanos

Tras todo lo dicho, es inevitable pensar que la situación de Somalía es irresoluble, algo natural que debemos asumir pero aceptar esta idea supondría condenar a miles de personas a la pobreza extrema y en última instancia a la muerte, como se puede leer en la noticia “Olvido letal en el Cuerno de África”

Africa, Tierra de Todos, Tierra de Nadie



Una vez más me acuerdo de África, ese otro mundo dentro del mismo planeta.
La película El Jardinero Fiel, la cual os recomiendo encarecidamente, me ha devuelto al pensamiento el recuerdo de África.
Y ante el argumento de la película, la reflexión ha sido inevitable. África es un continente olvidado y arruinado por todos pero al que nadie ayuda. Esto crea una hipócrita y dura paradoja. Convierte a África en patrimonio de todos pero en responsabilidad de nadie. Es como si cualquiera de nosotros tuviese una riqueza o tierra pero no fuese responsable de lo pase en ella o con ella.
Se me antoja escabroso el hecho de que África solo sea recordada para enriquecerse a costa suya pero sistemáticamente olvidada cuando toca repartir desarrollo y beneficios. Para África todo son costes, sobre todo el humano.
Y a la vista del devenir de los acontecimientos esto es inmoral pero no ilegal aunque no sería ni mucho menos la primera vez que existen leyes al margen de la justicia y la ética.
Sin embargo, la esperanza siempre se abre paso. La siempre socorrida sociedad civil y las muchas organizaciones que se encuentran bajo el amplio paraguas de esta denominación y a las cuales siempre les toca asumir los mayores retos con los mínimos recursos se está preocupada por África.
Cientos de miles de seres humanos de bellísimo corazón en mi opinión, están dedicando en este momento horas y horas nunca cuantificadas de su tiempo libre para sacar adelante a todo un continente y a todos y cada uno de sus ciudadanos, sin dejar a nadie en la cuneta.
Por esperanzadora que sea esta acción, nunca es suficiente, a la vista esta. Y es que no los suficientes se preocupan de demasiados.
A pesar de las inclemencias, deseo mucha suerte y agradezco la labor de incalculable valor de todos los voluntarios y ONG's del planeta, africanistas como yo pero con mucha más voluntad y esfuerzo que un joven servidor.

En el horizonte siempre nos queda el sueño de ver a África renacer de sus cenizas, con o sin el permiso del resto del mundo, de ese otro mundo que hoy le da la espalda con aberrante frecuencia.

África, de Cuna a Cárcel

La historia de África es una historia de pobreza, guerras, necesidad, crudeza, de falta de esperanza, de egoísmo occidental y de muchas otras ideas que no nos traen nada agradable a la mente. Pero es que resulta que no pretendo alegraros el día, solo intento contaros la verdad de una tierra y un pueblo maltratados y humillados.

Y aunque la tónica actual sea muy distinta, no siempre África fue una tierra de sufrimiento, antaño, cuando Europa aún era humilde y EEUU ni si quiera existía, África era una tierra rica, próspera, con un pueblo alegre y libre que llego incluso a crear las civilizaciones y culturas más avanzadas de su tiempo cuyos logros nos son imposibles de realizar incluso hoy día.
Os hablo de la época anterior al Antiguo Egipto y durante él. Y tras la caída de Roma, del Imperio Árabe. En esos días dorados, sin necesidad de esclavizar a otro continente, África fue cuna de la humanidad, estando a la cabeza de las ciencias y las artes.

Sin embargo, el paso de los siglos convertiría a África de la cuna de la naciente humanidad a la cárcel de buena parte de las personas que viven en ella, que a pesar de amar su tierra, desean abandonarla para no volver porque su supervivencia y la de su familia esta por encima de cualquier patriotismo y cualquier orgullo nacional, que quedan pisoteados cuando llega el hambre y la sombra de la muerte acecha en cada esquina.

Y mientras unos son presos de su propia tierra, otros son los imperialistas, los adinerados, los poderosos, cuyo imperio, dinero y poder esta construido sobre la sumisa África, que sirve de base y apoyo básico a aquellos que más la dañan; Europa, EEUU, el resto del Mundo Occidental y sus ciudadanos que disfrutan de una libertad y una riqueza robados al pueblo africano que ve desde la otra orilla como ellos malgastan en un día lo que ellos necesitarían durante un año.
No nos engañemos, este es nuestro Mundo, no reconocerlo seria un error y una vergüenza.

Flores Marchitas para África

Diariamente, mueren en África miles de personas por distintos motivos pero todos ellos llenos de crueldad e injusticia. Bien por la multitud de conflictos étnicos o guerras civiles que asolan el continente, por la desnutrición y las pésimas condiciones de vida o por las mortales enfermedades que recorren el continente de punta a punta, destacando el sida y la malaria, la población africana se ve afectada por males impensables en nuestra sociedad de la información y el consumo. No es extraño encontrarse esperanzas de vida que no llegan a los cuarenta años en distintos países del África subsahariana.

Pero, si el hecho de morir tan joven y en tales circunstancias no fuera suficientemente cruel y penoso, aun más lo es el pensar que la mayoría de esas victimas no tendrán quien las recuerde. Sus esquelas jamás llegaran a ser redactadas y mucho menos publicadas en un periódico. Ningún rey o gobernante visitara a sus familias destrozadas por la tragedia. Ningún joven internauta se preocupara de colocar una flor en su nick del Messenger en memoria de ellos. Las flores de sus coronas fúnebres jamás se marchitaran porque jamás fueron engarzadas en un bonito aro junto a un hermoso mensaje. Y lo peor de todo, nadie acudirá a sus entierros ni llevara flores o lágrimas a sus tumbas porque jamás tendrán tumbas y ninguna religión amparara sus almas en el viaje al mas allá. Serán sepultados en fosas comunes, sin nombre que los identifique ni los recuerde, fruto del miedo popular o gubernamental a las epidemias en épocas de guerra o enfermedad, de las cuales, con toda probabilidad jamás saldrán.

No importa que sean masas y masas de personas las que viven y mueren en estas condiciones, eso no les otorga un mayor protagonismo frente a los medios de comunicación ni frente a los gobiernos del mundo. Ellos no han muerto en países del primer mundo o de occidente, no han muerto fruto de grandes accidentes o catástrofes naturales. Ellos solo han muerto de hambre o de una bala perdida en una guerra olvidada por el mundo.
Ellos son las Victimas Olvidadas, los muertos por el hambre, la guerra o la enfermedad, males olvidados pero reales, al igual que sus victimas. Vivir y Morir dignamente es un derecho, menos en África y otros lugares, que es una misión imposible.